lunes, 7 de enero de 2013

SARIOL: DEL TESÓN A LA TRASCENDENCIA.

Palabras en su homenaje. “no escribas nunca pensando tibiamente: escribe estremeciéndote y llorando; canta, escribe, llora, cuando sientas latir tu corazón” José Martí Iniciar esta suerte de epílogo de las celebraciones por el centenario de ORTO es motivo de sano orgullo, compromiso a la reflexión y estímulo a la acción para promover el legado de ese gran empeño cultural entre las presentes y futuras generaciones de cubanos. Y es deber comenzar esta jornada aquí, en el lugar en el que nació aquel astro, en el lugar donde se levantaron los cimientos de una revista producto de las “superiores maneras de pensar y de sentir”, que para José Enrique Rodó caracterizaban la “civilización de un pueblo”. Precisamente la obra ensayística de este escritor uruguayo tuvo gran repercusión en la época en que Juan Francisco Sariol, el humilde mulato sanluisero, hijo de mambí, adquirió sus primeros rudimentos de tipografía y concibió su primera empresa editorial: El Pensil. Es justo recordar también que, desde el momento genésico de ORTO, hombres como Filiberto Guerra, dueño inicial de la imprenta, Rafael de la Guardia, Luis Maceo, Eladio Ramírez León, Mario León Morodo, Rogelio González Ricardo, Nemesio Lavié y Ángel Cañete, entre otros, compartieron en distintas etapas las responsabilidades directivas con Sariol. Pero fue éste el paladín que cargó en sus hombros la longeva y sorprendente existencia de ORTO. Y esta no fue singular solo por la extensa lista de prestigiosos escritores cubanos y extranjeros que vertieron su arte a través de ella, o por los ilustres visitantes que atrajo a nuestra ciudad. ORTO fue, además, un instrumento de concordia, sin lisonjas, hipocresías ni oportunismos; un rayo de luz en medio del desgobierno, el caudillismo y las rencillas políticas entre liberales y conservadores que condujeron a atentados y crímenes sangrientos. Aquí nació la revista que supo conjurar los rencores de los que, desembozadamente, se decían “adoradores del dios Colt”, porque Sariol y los integrantes del Grupo Literario aprehendieron en sus corazones el precepto martiano de que “la enseñanza de la virtud es más noble que el examen inútil de las hondas llagas sociales”, mas no fueron indiferentes a ellas, pues entendían que “La prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante; es proposición, estudio, examen y consejo”. Y allí, en la entraña del humanismo del Apóstol, radicó el numen, la esencia vital, el ser de ORTO, completado en la herencia de la Biblioteca Martí y en el inicio, promoción y defensa de la Nochebuena Martiana, todo con el ejemplo tutelar de don Modesto Tirado Avilés. Decía el pintor puntillista francés George Seurat, contemporáneo de nuestro Héroe Nacional, que “el arte es armonía” y en la concertación de los preceptos éticos y estéticos de la revista, rica especie de mixtura de colores complementarios, estribó el éxito de la misma, gracias a la tesonera labor de Sariol, a su visión del porvenir y a su generosidad, imbuido del espíritu impresionista que brotaba de las palabras de Martí: “nunca acaban las combinaciones de la luz, las seducciones de la ternura, las nubes en el espacio, y los matices multiformes del color”. El trayecto no fue río de perfumes y mieles, pero los cuarenta y cinco años de andadura se salvaron con dignidad y entereza tales, que se antoja poco la merecida distinción de Hijo Adoptivo, pues en la Perla del Guacanayabo, ese intelectual orgánico, Juan Francisco Sariol Carrión, guió a distintas generaciones de hombres en una empresa cuya heredad debemos luchar por conservar y difundir con el mismo ahínco con que aquellos la cultivaron. 7 de enero de 2013 Palabras de inauguración del evento Cierre del centenario de la revista Orto, pronunciadas por el autor de este blog en el paseo peatonal ante la edificación donde radicó inicialmente la imprenta El Arte, antiguo número 31 de la calle Martí.

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